Yeltsin sobre el tanque, agosto de 1991

“Frente a la Casa Blanca, como se conocía ya a la sede del Parlamento y del gobierno ruso, una inconfundible silueta maciza de cabello blanco, el presidente Boris Yeltsin, se subió al tanque número 300 de la División de Taman y leyó un comunicado dirigido a los moscovitas en el que pedía el retorno del país a la vía constitucional” (El desequilibrio como orden, pag. 70)

La fotografía es, desde luego, uno de los grandes iconos del siglo XX. La composición posee una calidad épica con un punto de cuadro de Delacroix. La figura con chaqueta oscura, seguramente un guardaespaldas, remata la pirámide de personajes en los que se mezclan funcionarios leales al presidente con activistas espontáneos; como es el joven que sostiene al bandera rusa, cuya disposicón subraya el sentido ascendente de la composición. La mezcla de chándals con trajes mal cortados, característicos de la era soviética, y de personajes de edades diversas, le da un vigor casi revolucionario a la escena, que lo sería mucho menos si los personajes no estuvieran subidos a un carro de combate.

Pero si hay una figura que debe ser destacada es la del tanquista, casi acuclillado en la escotilla de la torreta, que se oculta el rostro con las manos. El color caqui de su uniforma contrasta con las vestimentas de la sociedad civil que intenta resistir el golpe militar. Ese soldado, encajado y superado por el grupo, simboliza a la perfección a las fuerzas golpistas en total desconcierto.

Yeltsin, al menos en esta fotografía, no hace gala de una actitud muy decidida, a diferencia de la determinación que muestra el personaje que lo flanquea. Sin embargo, el presidente está totalmente expuesto ante la multitud. El momento es muy dramático, pues cualquier francotirador de las fuerzas de elite que acompañaron a los golpìstas, podría haberlo asesinado. El hecho de que no sucediera tal cosa, ni Yeltsin fuera detenido marcó el comienzo del fin de la intentona involucionista.

Los medios técnicos de que disponía la prensa por entonces, permitieron que la escena fuera transmitida a todo el mundo en muy poco tiempo. A la derecha de la foto puede verse un cámara con equipo portátil, mientras que entre el público, otro periodista utiliza, todavía una reflex tradicional. Aún no era el tiempo de los móviles con cámara.

Existen otras versiones de la misma fotografía, como la que se expone más bajo, que incluye la fachada de la denominada Casa Blanca. Pero el campo es demasiado extenso y difumina la fuerza dramática de la escena central., en la que la misma figura de Yeltsin queda diluida.

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