Subcomandante Marcos

Enero de 1994: nace el EZLN

“Y desde hacía meses, había hecho su aparición en el estado de Chiapas, en el empobrecido sur de México, el denominado EZLN, siglas correspondientes a Ejército Zapatista de Liberación Nacional. No se trataba de un movimiento guerrillero con la ferocidad de Sendero Luminoso o el MTAP en Perú; tampoco desplegaba la capacidad operativa de la guerrilla colombiana, ni tenía que ver con los viejos grupos marxistas latinoamericanos. Muy al contrario, el EZLN, con su carismático Subcomandante Marcos al frente, era un movimiento indigenista, con una discurso político alternativo, que conectaba muy bien con los grupos de reivindicación social, anticapitalista y antiglobalización de mediados y finales de los noventa, como “Los Sin Tierra” brasileños, los cocaleros bolivianos, los piqueteros argentinos o los jóvenes okupas europeos. El EZLN desarrolló un amplio corpus doctrinal indigenista y contra neoliberal, más que una ofensiva militar: ésta apenas duró dos semanas, a comienzos de 1994. Tal actitud le atrajo las simpatías de numerosos intelectuales progresistas occidentales, los cuales le aseguraron un amplio eco internacional, posiblemente superior a la amenaza real que representaba como alternativa a gran escala al orden establecido”. (Francsico Veiga, El desequilibrio como orden, pag. 159)

El Subcomandante Marcos, con su gorra deshilachada, el eterno pasamontañas y la pipa sobresaliendo de él, se convirtió en un gran icono de los noventa. Concesión a la modernidad, el dirigente guerrillero solía exhibirse con los auriculares del sistema de comunicaciones y teléfonos móviles o walky talkies en la pechera. El caballo y la foto en blanco y negro eran elementos que conectaban al Sucomandante Marcos con la imagen del histórico Emiliano Zapata.

El conjunto estaba bien conseguido y funcionaba a la perfección como imagen de un nuevo Che Guevara de fines del siglo XX. El pasamontañas le confería un aspecto montaraz y un velo de romántico misterio; el aspecto tétrico de la prenda quedaba corregido por la pipa, que le otorgaba un aire de reflexiva capacidad intelectual (en efecto: “Marcos” era de hecho un profesor de la UAM de Ciudad de México, llamado Rafael Sebastián Guillén Vicente). Hasta la munición exhibida estaba escogida para armonizar con el conjunto: no se trata de balas o proyectiles de uso militar, sino de postas para escopeta, un arma mucho más “civil”.

Por último, el título de “Subcomandante” (y no de Comandante) estaba pensado para emparentar, una vez más, con el Che (no con un nuevo Castro) y con la figura de Zapata, líder guerillero que siepre rechazó ostentar poder político.

Los jefes de la División del Norte y del Ejército del Sur, los generales Pancho Villa y Emiliano Zapata, entran en ciudad de México, 6 de diciembre de 1914

Tropas del EZLN. A su frente, el Subcomandante Marcos

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