La paz de los valientes, 1993

Rabin y Arafat acaban de firmar los acuerdos de Camp David, 1993. Se levantan de la mesa y se estrechan las manos ante el presidente Bill Clinton. Y la fotografía resultante, obra de J. David Ake (AFP/Getty Images), se convierte en un icono para los libros de texto de Historia.

La composición es realmente austera: todo el espacio está ocupado por los personajes, que protagonizan un conjunto casi estatuario, con el presidente norteamericano sirviendo como eje vertical y horizontal (gracias a las manos y los brazos) de toda la escena.

La sobriedad de la fotografía centra todo el interés en la gestualización de los políticos, que revela su estado de ánimo. Arafat está más cordial -y satisfecho- que Rabin, cuyo rostro expresa, ante todo, determinación, más que entusiasmo. Eso cuadra a la perfección con el papel jugado por cada uno. Pero sobre todo, el protagonismo central es de Bill Clinton, que además busca reflejarlo de forma muy consciente. Su rostro denota una reconcentrada satisfacción. Casi podemos escuchar que pronuncia, o incluso exclama un: “¡Hecho!” categórico. Su estatura, su juventud y la elegancia de su traje lo erigen como una fuerza de futuro sobre los dos viejos líderes y sus viejas rencillas, incluyendo a Arafat, con su uniforme paramilitar pasado de moda.

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